Apagados ya los ecos de la tan cacareada promoción del “arte joven”, presentada como si se tratara de una categoría artística, ahora parece que las exposiciones sólo se guían por el liberalismo mercantilista. Más a través de estos trabajos se puede tomar el pulso a las inquietudes dispares y dispersas de una generación que construye su obra sobre la ruina ideológica y moral de la sociedad en que vivimos.
Los lenguajes del arte están experimentando transformaciones impredecibles. La aparición de técnicas y tecnologías que permiten la manipulación automática de formas, imágenes, espacios y colores ha puesto en crisis a las artes más emblemáticas, lo que ha dado pie a hablar sobre la muerte de la pintura y la muerte del arte.
Efectivamente, muchos pintores han abandonado los colores y los pinceles para sustituirlos por la cámara y el software, pero la batalla no está terminada. Si agolpe de ratón se tratan las imágenes seccionándolas, girándolas, virando sus colores o alterando sus proporciones, esto también se puede hacer con los procedimientos tradicionales. Fernando Lozano (http://www.fut.es/~jfls/), está trabajando precisamente en este camino.
La pintura de Fernando Lozano, juega con los espacios psíquicos. El espacio psíquico se convierte en objetual en él. Un espacio corpóreo, casi medible. No son cosas reales, pero son objetos psíquicos. Todo ese mundo de los deseos, de la angustia, las tensiones, todo eso tiene en este artista una representación, produciendo imágenes plásticas que no tienen nada que ver con nada. Este auténtico creador se distingue por su voluntad en no repetir lo ya hecho, de fundar su propio espacio narrativo.